EL GRAN PARTIDO
Había una vez un grupo de niños que habían convenido en jugar un partido de fútbol . Habían dedicido que cada uno llevaría un elemento importante que hubiera en todos los partidos oficiales, y así, uno trajo la pelota, otro el silbato, otro los arcos, otro los guantes del portero, las banderillas del córner, etc...
Pero antes de comenzar el partido, a la hora de elegir los equipos hubo una pequeña discusión, y decidieron que podría elegir aquel que hubiera llevado el elemento más importante.
Como tampoco se ponían de acuerdo en eso, pensaron que lo mejor sería empezar a jugar al completo, con todos los elementos, e ir eliminando lo que cada uno había traido para ver si se podía seguir jugando y descubrían qué
era verdaderamente imprescindible. Así que comenzaron a jugar, y primero eliminaron el silbato, pero quien hacía de árbitro pudo seguir arbitrando a gritos. Luego dejaron a los porteros sin guantes, pero atajaban igual de bien sin ellos; y tampoco se notó apenas cuando quitaron los banderines que definían los límites del campo, ni cuando cambiaron los arcos por dos papeleras...; y así siguieron, hasta que finalmente cambiaron también la pelota por una lata, y pudieron seguir jugando...
Mientras jugaban, pasó por allí un señor con su hijo, y viéndoles jugar de aquella forma, le dijo al niño:
-"Fíjate, hijo: aprende de ellos, sin tener nada son capaces de seguir jugando al fútbol, aunque nunca vayan a poder aprender ni mejorar nada jugando así"
Y los chicos, que lo oyeron, se dieron cuenta de que por su exceso de orgullo y egoísmo, lo que se presentaba como un partido increíble, había acabado siendo un partido penoso, con el que apenas se estaban divirtiendo.
Así que en ese momento, decidieron dejar de lado sus opiniones egoístas, y enseguida se pusieron de acuerdo para volver a empezar el partido desde el principio, esta vez con todos sus elementos. Y verdaderamente, fue un
partido alucinante, porque ninguno midió quién jugaba mejor o peor, sino que entre todos sólo pensaron en divertirse y ayudarse.
Autor.. Pedro Pablo Sacristán
LAGRIMITA JOE
Lagrimita Joe era un niño con una habilidad especial: podía ponerse a llorar en menos de un segundo. Si algo no le gustaba, o le resultaba difícil, o si alguien le contrariaba, Lagrimita Joe no tardaba en poner cara de pena y mostrar grandes lagrimones rodando por sus mejillas. Así conseguía prácticamente todo lo que quería, porque no había quien resistiera la pena que daba su carita llena de lágrimas.
Pero un día, Lagrimita Joe conoció a Pipo. Se lo encontró pidiendo unas monedas a cambio de ayudar en lo que fuera a las personas que caminaban por la calle. Pipo era muy pobre, y no tenía casa ni familia, así que se ganaba la vida como podía. Sin embargo, siempre mostraba una gran sonrisa de oreja a oreja.
A Joe le cayó simpático aquel niño, así que decidió echarle una mano para conseguir algo de dinero. Se acercó al lugar en que estaba Pipo, se quitó el sombrero, lo puso junto a sus zapatos, y comenzó a llorar poniendo su penosísima cara de pena.
¡Menudo éxito! En unos pocos minutos, el sombrero de Lagrimita Joe estuvo lleno de monedas y golosinas.
Pero cuando se lo ofreció a Pipo, éste lo rechazó.
- Prefiero merecerme lo que tengo- respondió con su habitual sonrisa-. Es mucho más divertido esforzarse por conseguir las cosas. ¿Sabes? Hoy he bañado a un perro, he recogido cientos del clavos con un imán, he ordenado un armario de pinturas, he acompañado a una señora ciega por el parque... puede que no haya conseguido todo lo que quería, pero he hecho muchas cosas interesantes ¿Y tú? ¿te lo has pasado bien?
Lagrimita Joe no contestó, y se marchó triste. Había conseguido todo lo que quería, pero no había hecho prácticamente nada interesante en todo el día. Ni siquiera se lo había pasado bien: casi todo el tiempo había estado llorando.
Aquella tarde, ya en su casa, Joe pidió cenar un riquísimo pastel. Cuando su mamá le dijo que no, trató de echarse a llorar, pero al recordar al alegre Pipo y ver su propia cara de pena reflejada en el espejo, no pudo hacerlo. ¿Cómo desaprovechar aquella ocasión de hacer algo interesante?
Así que trató de conseguir el pastel de otra forma. Y para sorpresa y alegría de sus padres, dedicó toda la tarde a ayudar a su mamá a ordenar y etiquetar la despensa, a regar las plantas y a colocar los libros de la biblioteca.
Sin embargo, al final no hubo pastel. Pero tampoco fue tan terrible, pues Joe descubrió que había sido mucho más divertido hacer todas aquellas cosas que haber pasado la tarde llorando sólo para conseguir cenar un pastel que ni siquiera se habría merecido.
Autor.. Pedro Pablo Sacristán
GLOBOS ACROBÁTICOS
Por fin llegó el día del gran concurso de globos acrobáticos. Todos los insectos del jardín habían estado entrenando duro, y ahora se preparaban para comenzar sus piruetas.
Los concursos de globos eran algo especialísimo, pues sólo podían celebrarse tras alguna gran fiesta que hicieran los niños de la casa, y había muy poco tiempo antes de que se hiciera limpieza general y los papás retirasen todos los globos.
Como cada año, los favoritos eran los insectos voladores, pues agarrados a la cuerda del globo podían llevarlo de aquí para allá trazando figuras a voluntad. Pero aquella vez había también unos participantes un poco peculiares: un grupo de hormigas. Por supuesto, nadie esperaba que hicieran nada especial, tenían tan poco peso que jamás se había presentado ninguna, pero llamaba la atención verlas a todas perfectamente uniformadas y preparadas.
Así, los distintos concursantes fueron desarrollando sus espectáculos, consiguiendo figuras con los globos realmente bellas: la mariposa y la luciérnaga, como siempre, dejaron a todos boquiabiertos con su giros y su juego de colores, y cuando les tocó el turno a las hormigas, todo parecía decidido. Las hormigas, sin embargo, por primera vez desde que se recordaba, compartieron un mismo globo; y una a una fueron trepando por la cuerda colgante, formando una delgada hilera negra. Cuando hubieron cubierto toda la cuerda del globo, la última hormiga trepó por encima de sus compañeras hasta llegar al globo, y después, siguió hasta lo más alto. Aquel extraño montaje atrajo la curiosidad de todos, que entonces pudieron ver el toque final: la hormiga abrió las tenazas de su boca tanto como pudo.. ¡y le asestó un buen mordisco al globo!. ¡¡¡Pssssssss!!!
Aquello fue apoteósico: el globo comenzó a resoplar su aire, moviéndose alocadamente aquí y allá, haciendo mil piruetas, mientras las hormigas, perfectamente sincronizadas, iban representando bellas figuras colgadas de la cuerda, todas trabajando a un tiempo por conseguir el dibujo más bello.
Por supuesto, aquel acrobático vuelo terminó con un buen golpe, pero dio igual: la exhibición de la originalidad y el trabajo en equipo de las hormigas fue tan impresionante, que ni siquiera hizo falta votar al ganador.
Desde entonces, todos se dieron cuenta de lo lejos que se puede llegar haciendo las cosas juntos, por muy difícil que lo parezca para uno sólo, y los concursos de los años siguientes estuvieron repletos de grupos participantes con espectáculos que nunca podría haber conseguido un insecto por su cuenta.
Autor.. Pedro Pablo Sacristán
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